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Por falta de billete, dejó la universidad. La fortuna que forjó su padre se fue al tacho cuando los terrucos lo mataron. Se casó, tuvo una hija, todo acabó mal. Sin apoyo económico, tentó uno, varios negocios hasta que como diseñadora de cuartos para bebés, la achuntó.
Alejandra tiene 21 años y es su motor. Patricia ha hecho realidad los sueños de cientos de mamás. Ellas – completamente embarazadas- le plantean mil y un ideas para las habitaciones de sus angelitos. Ella no se cansa de asumir retos. Cómo quedarán de bonitos sus trabajos, que pese a que hace rato han dejado de gatear, sus pequeños clientes exigen seguir contando con sus servicios. Así, Patricia –a pedido de la hinchada- ha comenzado a también diseñar cuartos de niños. Perezoso es el nombre de su empresa. Alejandra, ya se dijo, el de su hija (su máxima inspiración).
Ha vendido tortas, ha hecho pijamas, ahora decora habitaciones de bebés. ¿Qué no ha hecho? He hecho de todo. Siempre he tratado de salir adelante según lo que se me ocurría en el momento.
¿Por qué comenzó a hacer de todo? Yo estaba casada, mi matrimonio iba bien; pero por esas circunstancias de la vida me tuve que separar y divorciar muy joven.
¿Qué edad tenía? Menos de 30. Y de tenerlo todo, pasé a no tener nada. Eso te mueve el piso. Trabajé en un banco, con Jessica Colors (la otrora marca de ropa para chicas), me fue muy bien con ellos. Poco a poco fui tratando de mejorar, de ingeniármelas…
Fue la necesidad. De hecho, la necesidad fue la que me impulsó. Busqué trabajo, pero mi hija era muy chica y era un problema por el tema de los horarios…
¿Qué edad tenía ella? Alejandra tenía 5 años. Entonces estudiaba en el Markham, y no me daba el tiempo para ir a recogerla del colegio. Tuve que alquilar mi departamento, irme a la casa de mi suegra. Me llevaba mejor con ella que con mi ex (ríe)… Lo que ganaba no me alcanzaba, tuve que cambiarla de colegio. Tuve que adaptarme: vivir mi realidad de ese momento. Son etapas.
¿Tenía el apoyo del papá de su hija? No. Eso fue lo que me tumbó. No tanto en el tema económico, porque si eres chamba y te las ingenias, no te mueres de hambre; me tumbó en el tema anímico.
Llegó hasta cuarto ciclo de Economía en la de Lima. ¿Por qué abandonó la carrera? También por problemas económicos. Mi papá tenía una posición económica muy buena. Muy, muy buena. Pero, a mi papá, en la época del terrorismo, lo mataron. Le dispararon cinco balazos en la cabeza y ahí terminó la historia. Él tenía una embotelladora, trabajaba con Pepsico, tenía toda la zona nor-oriente del país; y, de repente, lo mataron.
¿Qué edad tenía? Veinte años. Y ya pues, todo se truncó porque había juicios y juicios con los socios, con la persona que entonces era mi madrastra… O sea, había mucho, pero nada se podía tocar. Fue horrible, ¡peor que una telenovela!
Para cuando tuvo que vivir ese segundo golpe –su divorcio-, digamos que ya estaba algo curtida.
Ya estaba un poco fuerte. Lo bueno de que te pasen cosas, es que te nutres. Hay que verles el lado bueno, también. Porque te caes, te derrumbas, pero eso también te ayuda a superarte, a ser fuerte.
No todos tienen esa actitud. ¿De dónde le viene? Creo que de raza, por genética. Mi padre era una persona muy luchadora.
Cuando inició esta empresa afrontó un nuevo golpe. Hubo gente que le falló. Cuando arranqué, todo iba muy bien. Perezoso fue creciendo de a poquitos –cuando tú le pones mucha fuerza y energía a lo que haces, no tiene por qué irte mal, ¡pero tienes que ser constante!-, y cuando tomó cuerpo, mucha gente se dio cuenta de que esto era un buen negocio. Entonces, esa gente se puso de acuerdo con mi gente (sus empleados), y mi gente me traicionó. Y se llevaron todas mis ideas. Me dolió mucho, pero eso tampoco me tumbó.
Usted está hecha a prueba de todo. Una cosa es lo que una dice y otra lo mal que una se siente… Pero te tienes que levantar, pues. No te queda otra.
Además, tenía a Alejandra. ¡Claro! Mi hija ha sido el motor de todo. Cuando me divorcié y vi que ella, una persona tan chiquita, lo único que tenía era a mí… Si me caía, no solo me iba a caer yo, iba a tumbar también a mi hija. Yo tenía que darle todas las posibilidades para que salga adelante, y ahora está muy bien. He tenido mucha suerte con ella: está en la universidad, en la Pacífico, es buenísima en lo que hace.
No es suerte, ¿no? Ella la ha visto trabajar, la ha visto enfrentar problemas. También hay que tener suerte, porque hay hijos a los que papá y mamá les han dado todo y no responden como debe ser.
Eso ocurre cuando los hijos reciben todo pero no saben cuánto ha costado conseguirlo. La mejor herencia de los padres es el ejemplo. Sí.
Cuando abrió Perezoso no pensó que iría a terminar diseñando cuartos, lo que usted quería era hacer y vender pijamas para bebes. Siempre me gustó el tema de los bebes porque es un negocio donde está en juego la ilusión. Cuando se trata de tu primer bebé, tú puedes postergarlo todo con tal de que no le falte el coche, de que no le falte nada. ¡Tú quieres todo para tu hijo! Entonces, dije: “Este es un negocio bonito, ¡y es un buen negocio!”.
Una clienta le compró un pijama y le preguntó si podía hacerle un edredón. Sí, me dijo: “Oye, de las telas que tienes, ¿no me puedes hacer una mantita, un edredón bonito?”. Se lo hice. Después vino su amiga: “¿No me puedes bordar esto?”. ¡Yo no sabía ni quién lo iba a bordar! “Ya, te lo hago”… A veces me he metido en cosas que después he dicho: “¡En qué me metí!”.
¿Por ejemplo? Una clienta, cuando ya me había iniciado en el negocio de la decoración, me dijo: “Yo quiero que al entrar al cuarto de mi hijo, ¡sea como un cielo! Pero que lo cruce un tren, y que los vagones tengan animalitos, y que del humo salgan ositos ¡como si fuera ángeles!”… Yo dije: “¿Y ahora? ¡Cómo lo hago!”. Quedó lindo. Ahí tengo las fotos… Es que yo soy bien pesada en el tema del acabado. Eso me ayuda mucho. Quizás me demore más, pero lo hago bien. Al comienzo contrataba el servicio, pero la gente me hacía patalear. Me han hecho hasta llorar.
Es irónico, ¿no? Hay muchos que dicen que no hay chamba, pero cuando les das trabajo, te fallan. Sí. Hay un tema de organización… Uno que todavía es uno de mis grandes errores, es el incumplimiento, porque a veces se adelanta un parto y tengo que adelantar ese trabajo y postergar otro… Pero ya me he puesto las pilas y ahora estoy contratando a gente profesional, porque yo soy ‘todista’. Ese ha sido mi gran error. Esto sería mucho más grande si yo no hubiera sido ‘todista’. A mí me busca gente para exportar, pero yo digo: “Mientras esto no camine como debe, yo no voy a hacer más, porque esto se va al diablo si no estoy yo”. Y así no debería ser: a medida que uno crece debe trabajar con personas capacitadas según lo que tú necesitas, pero, a veces por no pagar un poco más, por miedo o qué se yo, no te atreves a dar el paso. ¡A mí me ha costado darlo! Pero ya lo di.
¿Qué la empujó a ello? El que cada vez la competencia sea más difícil: te copian mucho. A mí me costó diez años hacer esto, y viene alguien con más plata, te copia ¡y lo hace hasta mejor! Porque contrata a más gente, tiene la posibilidad de tener un lugar más grande donde exhibir… ¡pero no me van a tumbar!
¿Qué estudia su hija? Administración, pero no le interesa este negocio. Ella me dice: “Mamá, ¿cómo puedes trabajar así? Te falta esto, te falta lo otro…”. Es mucho más ejecutiva que yo, yo soy más de chamba, no visualizo, por eso te digo: esto ya no va a depender de mí en los temas que yo no domine. Yo soy una mala administradora. Ya lo acepté. A mi cliente no le interesa que mi sistema falle –que mi carpintero me halla incumplido-, lo que a mi cliente le interesa ¡es que yo le cumpla!
Está aprendiendo a delegar. ¡Y a cumplir! Para que ya no digan: “Perezoso es lindo, te hacen cosas preciosas, pero a veces se demoran en entregar”. Ya no quiero que ese ‘a veces’ exista. Por eso te digo que, al final, la competencia es buena. De lo contrario yo aún seguiría confiada de que esto estaba bien. La competencia te impulsa a superarte.
Además, ha enfrentado tanto golpe, que eso no la va a tumbar. De ninguna manera. Pero sí me tengo que preocupar, porque si sigo con la misma actitud, sí puede ocurrir.
¿Quién ha sido su cliente más difícil? Ha habido varios (ríe)… Es que trabajar con embarazadas es delicado, porque cuando la mujer está en cinta –y te lo digo porque yo lo he estado y sé cómo es- tiene un problema hormonal fuertísimo, están mucho más sensibles y, a la primera cosita, te mandan a volar. Lo que pasa es que hay mucha ilusión, y están muy ansiosas.
¿Qué es lo mejor de su oficio? Que conozco a mucha gente. A gente joven que está sumamente ilusionada, y te nutres de eso.
Pese a haber crecido, hoy muchos pequeñitos siguen siendo sus clientes. Debido a ello ha incursionado en la decoración de cuartos para niños. Sí, y por eso vamos a abrir Perezoso Kids, una tienda exclusiva para niños. Voy a tener mejores diseñadores, mejor carpintería… Tengo muchos proyectos. Yo creo que la gente que tiene ilusiones, que tiene metas, nunca se cae. Pero sin descuidar a la familia, porque tener un negocio es bueno, te sientes satisfecha con lo que haces, pero a veces llegas de noche a tu casa y dices: “No le dediqué ni una hora a mi familia”… Y el día que pasa, no lo recuperas más. Por eso hay que aprender a delegar. Yo lo he aprendido recién. ¡A la fuerza!
FICHA Nombre: María Patricia Rivera Botetano. Colegio: María Auxiliadora. Comenzó en la sede de Huanuco, terminó en la de Lima. Estudios: Hasta cuarto ciclo de Economía en la Universidad de Lima. Edad: 43 años. Cargo: Propietaria y gerenta general de Perezoso, empresa dedicada a la decoración personalizada de habitaciones de bebés y de niños. Patricia la inició el 2001 con S/.8.000 de inversión.
Crecimiento: Hoy tiene dos tiendas y un taller donde elabora telas y fabrica muebles para bebés y niños. Da empleo a 25 personas.
Url: http://www.perezosobebes.com/
*Por Antonio Orjeda http://blogs.elcomercio.pe/ejecutivas/2010/01/patricia-rivera-a-mi-no-me-van.html
Fuente: El Comercio
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